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La reciente alarma por un brote de sarampión reportado en Costa Rica ha activado las alertas de prevención en las autoridades de salud en Centroamérica para evitar posibles contagios por este virus. El temor de que se propaguen enfermedades ya erradicadas en Guatemala y en la región, se fundamenta en que este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) manifestó que los movimientos antivacunas son uno de los diez peligros para la salud global.

El recorrido particular de este caso la conoce la doctora Lissette Barrera, directora del Programa de Inmunizaciones del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), quien explica que desde el 18 de febrero se reportó el ingreso de una familia francesa a Costa Rica con un niño de cinco años. A los dos días se detectan síntomas de sarampión en el pequeño. Los papás ya estaban infectados. “Esto es producto del movimiento antivacunas en Europa, donde la gente decide ya no vacunarse, no es porque no tengan acceso”, indica el doctor Mario Melgar, jefe del departamento de Infectología Pediátrica del Hospital Roosevelt.

En Guatemala los últimos brotes de sarampión se dieron en 1995. Solo hubo dos casos aislados: en 1998 y en enero de 2018. Este último por una joven que viajó a Alemania y contrajo el virus. “Se detectó a tiempo, se controló de inmediato y no pasó a más. Desde entonces no se conocen nuevos casos”, expone Barrera.

La cobertura de vacunación actual es entre el 80 al 89 por ciento.

Los esfuerzos por eliminar este virus en la región están en riesgo de perderse. Luego de 22 años de trabajo, en el 2016, el continente americano fue el primero y único en el mundo que recibió la certificación de eliminación del virus del sarampión de parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS) en cada uno de sus países miembros. Pero hoy día en Venezuela ya se conocen 5 mil 643 casos mientras que en Brasil se han reportado 10 mil 262 casos, por lo que la certificación se perdió en ambos países. Esto se explica “por las rápidas movilizaciones hoy día que permiten que las enfermedades puedan transmitirse en menos de 24 horas”, agrega Barrera, pero al final en estos países el virus se volvió autóctono.

Y es que los movimientos antivacunas parecen sumar cada vez más adeptos en Europa y Estados Unidos, lo que se observa como una amenaza seria a la salud global con el regreso de enfermedades que ya estaban controladas. En 2017 Europa cerró con 14 mil 451 casos de sarampión, mientras que Italia está viviendo una epidemia que está hospitalizando a cuatro de cada diez niños afectados, esto tiene un responsable: los movimientos antivacunas, según un informe de la Revista Latinoamericana de Infectología Pediátrica de México.

“Nuestra realidad es diferente, aquí la gente no se vacuna por dos razones: por desabastecimiento o por falta de acceso a los servicios de salud”, explica Melgar. Aunque en Guatemala todavía no existe un movimiento organizado que rechace el uso de las vacunas, sí hay voces aisladas entre los grupos naturistas y homeopáticos. De momento, las autoridades de salud diseñan una serie de políticas y estrategias para que los programas de vacunación infantil y de maternidad no desfallezcan.

Génesis del movimiento

Fue el médico británico Edward Jenner quien inventó la vacuna contra la viruela en 1796. Actualmente, la medicina la reconoce como uno de los diez mejores descubrimientos de salud pública en el siglo XX, al tomar en cuenta todos los aportes posteriores. Hoy día se estima que se evitan aproximadamente 2.5 millones de muertes cada año gracias al cumplimiento de un esquema básico de vacunación en niños y niñas, según la publicación mexicana.

Con base en documentos, la oposición a las vacunas existe desde su misma creación, cuando se implementa la vacuna contra la viruela en forma generalizada a inicios del siglo XIX en Inglaterra. Las más recientes controversias parten de un estudio publicado en 1998 por el excirujano inglés Andrew Wakefield junto a otros autores. Su trabajo fue publicado en la reconocida revista científica The Lancet, basado en una relación entre las enfermedades de colon, el autismo y la vacuna triple vírica.

Melgar explica que una investigación periodística reveló que hubo conflictos de interés detrás de dicho estudio. El autor estaba interesado en lanzar su propia vacuna libre de efectos adversos. Con el tiempo, la revista y varios de sus autores se retractaron y el estudio quedó descartado, mientras que a Wakefield se le retiró la licencia para ejercer su profesión. Pero la idea quedó en el imaginario social. A partir de entonces, en Inglaterra se reducen las coberturas de vacunación y sucede lo mismo en el resto de Europa y Estados Unidos.

Este caso explica el dilema ético de la medicina con respecto a la mala ciencia. “Como médicos nos entrenamos para diferenciar cuando algo es científico vs. algo que no lo es. Debe saber interpretarse los resultados científicos, pues este grupo hizo una generalización de millones”, comenta Melgar.

Los antivacunas

Los grupos renuentes al uso de vacunas discuten el tema desde distintos ámbitos. Intereses políticos y económicos de las grandes firmas farmacéuticas, desconfianza, creencias filosóficas o el daño a la salud por efectos secundarios y la posible relación de enfermedades como el autismo, son parte de las razones.

Por ejemplo, ingredientes tóxicos que estas contienen como: suero bovino de vaca, sorbitol (edulcorante sintético), gelatina, que plantea el riesgo de hormonas sintéticas; cloruro de sodio, proteína de huevo, timerosal (mercurio), albúmina humana, fosfato de aluminio y glutamato monosódico, según el sitio naturalnews.com. En su lugar, los homeópatas proponen en su lugar fortalecer el sistema inmunológico con dosis regulares de vitamina C, como una terapia alternativa.

Parte de este movimiento se basa en la creencia de que es mejor lo natural, es decir, es mejor enfermarse, pero al final de cuentas, esto no es viable, refiere Melgar. Explica que ingredientes como el timerosal, se administra en cantidades muy pequeñas, es un estabilizador, no es tóxico, es muy seguro. “Pero ya se retiró en la mayoría de vacunas”, reconoce.

Al mostrar un video donde el médico estadounidense Stanley Plotkin, asesor de fabricantes de vacunas, reconoce la contaminación de la vacuna de polio y el uso de tejido de fetos humanos, indica que se dio un fuerte dilema ético por este caso, pero el consenso es no repetir este recurso, explica Melgar.

En la actualidad, si un médico hace algo que falta a la ética, la información se descarta, aunque sea valiosa, pues se considera de mayor valor seguir la ética que el aporte. No podemos ni debemos negar que sí existen efectos adversos asociados a la vacuna, pero se ha demostrado que si son usadas adecuadamente los efectos adversos no son permanentes ni amenazadores. “Hay una vigilancia constante y si existen riesgos mínimos, se retiran de inmediato”.

Indica que cada vez más los procesos de manufactura de vacunas son más puros y la fabricación de estas parece de ciencia ficción, son casi infalibles. Ciertamente, en las primeras vacunas contra la viruela se reportaron contaminantes, pero esto es casi imposible ahora. Resalta que hay ocasiones en que no se recomienda aplicar vacunas, cuando las defensas están muy bajas, como cuando se tiene cáncer o VIH, por citar dos casos.

El poder de los influenciadores

La pediatra guatemalteca Gloria López trabaja desde hace seis años en el Jackson Memorial Hospital de Miami, Estados Unidos. Cuenta que en los últimos años le ha tocado sentarse a discutir más seguido con las familias sobre la seguridad en el uso de vacunas. Atribuye esta resistencia a la falta de educación y a los influenciadores en redes sociales que promueven esta tendencia, entre ellas la comediante Jenny McCarthy y la tatuadora y empresaria Kat Von D.

“En Miami están volviendo a aflorar enfermedades que no son benignas, el sarampión produce complicaciones respiratorias hasta la muerte. Hace poco tuvimos el caso de una bebé de 15 meses, no vacunada, que falleció por complicaciones de influenza”, relata.

Sin embargo, se observa con más frecuencia estas actitudes en poblaciones afroamericanas, no tanto entre los latinos, quienes aceptan vacunarse luego de explicar los beneficios. Por otro lado, llama la atención que se han visto casos de jóvenes de 17 y 18 años que acuden a vacunarse contra la voluntad de sus padres. “Se está revirtiendo de alguna forma esta tendencia”, comenta López.

“Cada vez resulta difícil discernir entre ficción y realidad”, de allí el riesgo y daño de las noticias “falsas” en redes sociales resalta el infectólogo Melgar.

Una ley para garantizar las vacunas

En los último años se ha tratado de promover una iniciativa de ley para garantizar la disponibilidad de las vacunas (Iniciativa 5342). Esta se encuentra en segunda lectura en el Congreso de la República. Con esto se intentan tres objetivos: implementar mecanismos para garantizar una partida presupuestaria específica para que no falte la disponibilidad de las vacunas. Segundo, que el Programa de Inmunizaciones del MSPAS, actúe como el ente rector en este tema y tercero, la creación de un Consejo Nacional Asesor para Inmunizaciones (Conapi).

La idea consiste en formar un grupo de expertos que asesore a la cartera de Salud sobre qué vacunas incluir y su aplicación. Esto como un ente técnico, apolítico y heterogéneo. Además, buscar estrategias para facilitar la consolidación de datos a nivel nacional y poder tener una cobertura real, añade la directora del Programa de Inmunizaciones.

Con los antecedentes de desabastecimiento en el 2014 y las amenazas actuales, se pretende crear un escudo que evite el retorno de viejos monstruos ya erradicados.

El presupuesto actual del Programa de Inmunizaciones del Ministerio de Salud asciende a los Q489 millones.

Cobertura y costos se elevan

En Guatemala se carece de datos exactos sobre las coberturas de vacunación. Se sabe que el sector público abarca de un 88 a 90 por ciento de la población, el IGSS alcanza entre ocho al nueve por ciento, mientras que el sector privado atiende de un dos a tres por ciento. “Se carece de cifras consolidadas a nivel nacional. Eventualmente el IGSS nos provee de alguna información, pero no es algo sistematizado, el sector privado, menos”, indica Barrera.

En el 2018, para la vacuna triple vírica SPR (sarampión, paperas, rubéola) se tuvo una cobertura en la primera dosis del 85 por ciento y de 75 por ciento en la segunda dosis. En general, esta ronda entre el 80 al 89 por ciento.

La cantidad de vacunas así como el presupuesto ha aumentado sustancialmente en las últimas décadas. En la década de 1990 al 2000, el presupuesto de vacunación era alrededor de Q20 millones, con dosis de cinco a seis vacunas por persona.

En el 2005 se introdujo la Pentavalente, el presupuesto aumentó alrededor de Q100 millones; en el 2010 las vacunas de la Hepatitis B y Rotavirus incrementaron el presupuesto a Q230 millones. Posteriormente, la introducción de la del Neumococo subió a Q300 millones, y finalmente la del Virus del Papiloma Humano (VPH) incrementó el presupuesto que actualmente es de Q489 millones.

“Estos costos se estiman con base a la población, costo de la dosis, número de dosis por esquema (refuerzos), costo de compra. Varía las cifras dependiendo de la temporada de los embarques, precios de flete y seguro”, explica la directora del Programa.

Recuerda muy bien que en el 2014 hubo un drástico desabastecimiento de vacunas. Explica que se originó por los costos de la vacuna del neumococo que duplicaron el presupuesto de vacunas. Esto complicó los movimientos de pago y embarques, y en consecuencia la caída en la cobertura nacional, lo que ha significado una lenta recuperación de los niños que no se atendieron en ese periodo.

El abastecimiento de este servicio se realiza a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con el fin de reducir costos y transparentar el proceso. “Garantizamos calidad al mejor precio”, afirma Barrera, quien se prepara para la próxima jornada de vacunación del 22 al 30 de abril de este año y la segunda jornada planificada en octubre-noviembre para quienes se quedaron rezagados en la primera oportunidad.

 

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