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La comunidad científica tiene visiones divergentes sobre este herbicida y su relación con enfermedades y abortos. Acá se presenta un panorama de los principales estudios al respecto

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En las últimas décadas no ha habido un químico que genere tanto debate. El glifosato, un pesticida creado en la década de los 80, vuelve a estar en el centro de la discusión pública en Colombia y el mundo, y no parece haber una visión unánime sobre sus efectos en la salud humana y en el medio ambiente.

Para algunos, como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el glifosato no tiene una correlación directa con enfermedades como el cáncer, según sus últimos reportes. Sin embargo, una parte importante de la comunidad científica niega esta tesis y, con base en la evidencia probada de sus últimos reportes, dice que este herbicida estaría asociado con abortos, problemas dermatológicos y cáncer.

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En el mundo, en más de cuatro décadas, se han hecho cerca de 900 análisis e informes relacionados con el glifosato. Por su cantidad, es difícil agrupar sus conclusiones y plantear las tendencias más notorias. Así que es importante, como llaman los académicos, presentar el “estado del arte” haciendo referencia a los principales informes de universidades, centros de pensamiento y, por supuesto, organizaciones multilaterales en salud y ambiente.

Apoyo al glifosato

Según los defensores del glifosato, no hay suficientes pruebas que conlleven si quiera a hablar de una posible asociación entre este herbicida y las enfermedades, sean estas cancerígenas o en la piel. Para la EFSA, una de las instituciones más respetadas en la materia, no hay suficiente evidencia que muestre la correlación entre una y otra cosa.  

“La revisión encontró patrones no consistentes de asociaciones positivas que indican una relación causal entre el cáncer total o cualquiera”, dice un reporte de 2015 de esta organización miembro de la Unión Europea, que volvió a reiterar dicha posición este año luego de recibir críticas de algunos sectores por la supuesta relación entre el Instituto Alemán de Evaluación de Riesgo (BfR, por sus siglas en alemán), encargado de hacer el informe de la EFSA, y Monsanto.

Tras evaluar “30 estudios epidemiológicos”, la BfR llegó a la conclusión general de que  “no existe una relación validada o significativa entre la exposición al glifosato y un mayor riesgo de linfoma no Hodgkin u otros tipos de cáncer”. En ese sentido, también estipuló que “no es posible examinar completamente las indicaciones del potencial genotóxico del glifosato basándose en el breve informe publicado por IARC (Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer)”, que ha sido el principal promotor de la asociación entre cáncer y glifosato.

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La Autoridad Europea de Sustancias también ha dicho que este herbicida no tiene efectos cancerígenos en los seres humanos, apoyando la evidencia presentada por la EFSA. Es importante señalar que estas instituciones hacen parte de la Unión Europea o trabajan en asociación con ella, haciendo que, por ahora, el bloque asuma una percepción compartida acerca del glifosato, con ciertas variaciones dependiendo de las interpretaciones que haga cada país.

Para 2022, se espera que un comité de expertos designado por la BfR presente un nuevo informe que sirva eventualmente para concluir, al menos en el continente, la discusión sobre sus efectos en la salud humana.

No solo las organizaciones que componen el bloque europeo han dicho que no hay, por ahora, una evidencia suficiente para señalar la correlación entre el herbicida y el cáncer. Este año, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, siglas en inglés) ha dicho que es “probable” que el glifosato “no cause cáncer”.

“Los hallazgos científicos de la agencia sobre el riesgo para la salud humana son consistentes con las conclusiones de las revisiones científicas realizadas por muchos otros países y otras agencias federales”, dijo la EPA en un comunicado de prensa, en referencia a las conclusiones de las instituciones europeas, entre otras. “Si vamos a alimentar a 10 mil millones de personas para el 2050, vamos a necesitar todas las herramientas a nuestra disposición, lo que incluye el uso de glifosato”, dijo el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, uno de los funcionarios más cercanos a Donald Trump.

Igualmente, la FAO ha explicado que el nivel de “toxicidad” del glifosato es bajo, por lo que su uso debe ser permitido para diferentes actividades agrícolas.

“Es cancerígeno”, y otros

El exministro de Salud y hoy rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, ha dicho que existe la suficiente evidencia científica para asociar el glifosato con el cáncer, luego de que la prestigiosa revista científica, Lancet Magazine, publicara unas breves conclusiones del informe de la Agencia Internacional en Investigación en Cáncer (AIC, siglas en inglés) en el que se concluye dicha asociación.

Según la AIC, la más respetada institución en cáncer en el mundo, un comité de expertos en esa enfermedad encontró que “el uso generalizado” de pesticidas son “probablemente cancerígeno para los humanos”.

Planteó, además, que el glifosato debe ser clasificado como “malatión”, un insecticida que se usa para matar a los mosquitos. Más que todo, este se ha usado en partes de California, Estados Unidos, donde se plantan grandes macro cultivos de frutas.

En respaldo de esta conclusión, algunas universidades del mundo han dicho que el glifosato no solo causa cáncer, sino que, también, es el responsable de abortos y enfermedades asociadas a la piel.

Una investigación hecha por la Universidad de Columbia, en Nueva York, concluyó que existe un nexo entre este herbicida y los abortos. Titulada “Glyphosate Use in Agriculture and Birth Outcomes of Surrounding Population”, en Brasil, dice que “en los años 2000 se experimentaron deterioros significativos en los resultados de los nacimientos, en particular el aumento de mortalidad, en la incidencia de nacimientos prematuros y en la frecuencia de bajo peso al nacer”.

Otros estudios conocidos sobre esta correlación han sido los de Borggard y Gimsin que hablan de que la “contaminación del agua por el glifosato debería ser mayor cuando hay suficiente lluvia y donde el suelo es más erosionable” y el de los profesores colombianos Daniel Mejía y Adriana Camacho, quienes dicen que “existen múltiples estudios que han tratado de documentar los efectos colaterales negativos que la aspersión de herbicidas de cultivos ilícitos tiene sobre la salud como: irritaciones de piel”.

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