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En Argentina, los padres de un bebé de cuatro meses que nació en parto domiciliario y que desarrolló meningitis con severas secuelas por no haber recibido la dosis contra el neumococo, fueron denunciados ante las autoridades judiciales y se encuentran en proceso de perder la custodia del menor debido a que en aquel país la inmunización es obligatoria.

Se trata de una pareja que vivía en Mallín Ahogado, provincia de Río Negro, que desde finales de los años 60 se convirtió en una comunidad de creyentes en ovnis, hadas y duendes, negados a cumplir con las disposiciones del Misterio de Salud y de la Ley Nacional de Vacunación, que es obligatoria y gratuita por decreto desde 1983.

Los antivacunas

Los grupos antivacunas, opinó Carla Vizzotti, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología, han tratado de declarar inconstitucional la ley mencionada bajo el argumento de que “nuestros cuerpos y el de nuestros hijos son territorio soberano y sujeto a nuestra autodeterminación”.

Sin embargo, detalló la experta, Argentina es el primer país donde negarse a vacunar a los menores es un delito por el que las autoridades judiciales ya han dictaminado contra los progenitores por vulnerar los derechos de los menores causando un “grave impacto a la salud pública”.

Vizzotti reconoció que la ley ha abierto toda una discusión sobre si se debe ponderar el derecho de los menores a inmunizarse para protegerse y evitar afectar a otros niños, o bien se trata de un derecho de los padres a elegir sobre la integridad física de sus hijos.

El menor con meningitis está internado en El Bolsón, mientras sus padres siguen un proceso judicial por varios delitos. “No han querido tener un cambio en su conducta y pueden ser juzgados por poner en riesgo la vida de su hijo y de la misma nación. Ese tipo de grupos antivacunas propician que resurjan enfermedades eliminadas, como el sarampión y la difteria”, destacó Vizzotti.

La especialista agregó que las redes sociales desinforman y contribuyen a disminuir las coberturas de acceso a los esquemas de vacunación.

En Argentina, recordó, ya murió una recién nacida porque quienes la rodeaban no estaban vacunados o tenían esquemas incompletos; en Estados Unidos falleció una mujer por neumonía y sarampión, y en España un niño por difteria, debido a las “creencias” de los grupos antivacunas.

Ante ese panorama, los especialistas coinciden en que la vacunación debe ser una obligación legal en todos los países, porque negarse a aplicar esas inoculaciones pone en riesgo la salud de la población a escala global.

No era gripe

En una reunión de expertos en vacunas y epidemiología, Serene Marotta, directora de Operaciones de Familias Fighting Flu, organización sin fines de lucro dedicada a concientizar sobre la influenza, relató la historia de su hijo Joseph, quien el 9 de octubre de 2009, con 5 años, desarrolló un supuesto resfriado.

Su madre relató que actuaron con prontitud y llevaron a su hijo a un hospital especializado donde los médicos determinaron que se trataba de neumonía y descartaron la cepa de influenza A/H1N1.

El menor desarrolló fiebre que fue tratada con ibuprofeno, dos tipos de antibióticos y diversos medicamentos para contrarrestar los efectos gastrointestinales. Vomitó durante toda esa semana, no tenía apetito y tomaba líquidos por vía intravenosa.

Llegó a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde se le informó que había desarrollado una respuesta autoinmune. En siete horas el estado de salud de Joseph se deterioró rápidamente. A pesar de los esfuerzos, falleció el 18 de octubre de 2009.

“Joseph sufrió una ruptura intestinal catastrófica que lo hizo entrar en shock y sangrar. Durante su autopsia se determinó que Joseph había desarrollado una ulceración duodenal como resultado de la influenza  A/H1N1 que erosionó lentamente su tracto intestinal”, recordó Marotta.

En ese entonces no estaba disponible la inoculación contra ese virus; sin embargo, sus padres se convirtieron en defensores de la vacunación contra la influenza y cada año inmunizan a su hija, hacen campañas en escuelas y asesoran a las familias contra los movimientos antivacunas, porque “no era una simple gripe, fue influenza lo que le causó la muerte”, concluyó.