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La nueva mascarilla sería más respetuosa con el medio ambiente ya que utiliza menos material desechable


La nueva mascarilla iMASC podría resolver los problemas de la escasez.


Foto:
SAM PANTHAKY / AFP / Getty Images


Cuando comenzó la pandemia de COVID-19 la escasez de mascarillas N95 presentó una situación de emergencia para los trabajadores de salud y quienes se encontraban en la primera línea para evitar contraer el virus de la COVID-19. Los trabajadores esenciales usaron una misma mascarilla desechables durante varias semanas e incluso algunos tuvieron que desinfectarlas para volver a ser reutilizadas.

Tres meses después la situación no es muy diferente a medida que nuevos casos de coronavirus se registran en estados como Florida y Texas donde los respiradores N95 continúan siendo escasos.

Ingenieros e investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y del Hospital Bringham and Women’s han creado un nuevo tipo de mascarilla que podría cambiar la historia. Se trata de un prototipo que funcionó también como el respirador N95 que logró impedir que las partículas que contienen el virus de la COVID-19 siguiera su paso.

Las nuevas mascarillas están elaboradas de un material que logra filtra las gotas que se encuentran en el aire y los fluidos que podrían contener el virus de la COVID-19. La nueva mascarilla del MIT está hecha de silicona y cuenta con dos ranuras con dos pequeños discos desechables que sirven como filtros.

Las mascarillas pueden ser esterilizadas y reutilizadas, pero los filtros deben ser desechados. Las letras iMASC son las siglas de la nueva mascarilla Injection Molded Autoclavable, Scalable, Conformable, un diseño que podría resolver los problemas de la escasez, soportar hasta 574 grados Fahrenheit (300 grados centígrados) y 10 ciclos de lavado.

El diseño permite que los cubrebocas puedan ser esterilizados de diferentes maneras, sin que esto signifique sacrificar su eficacia según detallan los investigadores en un artículo publicado en el British Medical Journal Open. Los científicos pudieron sanitizar las mascarillas con vapor, cloro, alcohol y hasta usaron un horno. En cambio para desinfectar las mascarillas N95 es necesario usar peróxido de hidrógeno para neutralizar cualquier virus y utilizar un equipo especial y contar con varios días, según explicó Krista Wigginton, Profesora Asociada del Departamento de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Michigan en un video publicado por la casa de estudios.

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La nueva tecnología permitirá a los trabajadores de la salud usar un cubrebocas N95 al día permitiendo utilizarse hasta en 20 ocasiones. La nueva mascarilla también sería más respetuosa con el medio ambiente ya que utiliza menos material desechable, lo que produce menos desechos dijo Adam Wentworth, ingeniero de investigación del Hospital Brigham and Women’s y afiliado de investigación del Instituto Koch, en un comunicado de prensa.

Hasta el momento las máscaras han demostrado ser efectivas y cómodas después de una serie de pruebas que realizaron con un grupo de 24 trabajadores de la salud que logró filtrar con éxito una solución de azúcar que se encontraba en el aire utilizada para imitar las gotas respiratorias en aerosol.

Por ahora el grupo de científicos realizarán más pruebas y trabajan en un segundo diseño para la mascarilla que podría ser aprobada por la Administración de alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) y por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional.

Las nuevas mascarillas podrán alcanzar un precio de $15 dólares cada una, según informó el portal Fast Company, mientras que las mascarillas N95 oscilan entre los $2.8 y los $6.95 dólares. El objetivo es hacer que las nueva máscarillas estén disponibles para los trabajadores de la salud y para el público en general en un tiempo corto.

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