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Una profesional de salud prepara una dosis de la vacuna AstraZeneca para inmunizar a un brasileño contra el Covid-19. (Foto Prensa Libre: EFE)


Dos nuevos estudios determinaron que la inmunidad al coronavirus dura al menos un año, pero puede mejorar con el tiempo, especialmente después de la vacunación, lo que permitiría que se extienda, incluso, durante toda la vida.

Esos hallazgos pueden ayudar a disipar los temores de que la protección contra el virus sea de corta duración.

Los estudios sugieren que la mayoría de las personas que se han recuperado del Covid-19 y que luego fueron inmunizadas no necesitarán refuerzos, pero las personas vacunadas que nunca se infectaron posiblemente necesitarán las inyecciones, así como una minoría que se infectó pero no produjo una respuesta inmunitaria sólida.

Los dos informes analizaron a personas que habían estado expuestas al coronavirus aproximadamente un año antes. Las células que conservan una memoria del virus persisten en la médula ósea, y pueden producir anticuerpos cuando sea necesario, según uno de los estudios, publicado en la revista Nature.

El otro estudio, publicado en línea en BioRxiv, un sitio de investigación en biología, encontró que las llamadas células B de memoria continúan madurando y fortaleciéndose durante al menos un año después de la infección inicial.

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“Los artículos son consistentes con el creciente número de documentos que sugieren que la inmunidad provocada por la infección y la vacunación contra el SARS-CoV-2 parece ser de larga duración”, señaló Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania que no participó en la investigación.

Los estudios pueden calmar los temores de que la inmunidad al virus sea transitoria, como pasa en los coronavirus que causan resfriados comunes.

“Pero esos virus cambian significativamente cada pocos años”, dijo Hensley.

“La razón por la que nos infectamos con coronavirus comunes repetidamente a lo largo de la vida podría tener mucho más que ver con la variación de estos virus que con la inmunidad”, afirmó el experto.

De hecho, las células B de memoria producidas en respuesta a la infección con SARS-CoV-2 y mejoradas con la vacunación son tan potentes que frustran incluso las variantes del virus, lo que anula la necesidad de refuerzos, según Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller en Nueva York, quien dirigió el estudio sobre la maduración de la memoria.

“Las personas que se infectaron y se vacunaron realmente tienen una respuesta excelente, un conjunto excelente de anticuerpos, porque continúan desarrollando sus anticuerpos”, refirió Nussenzweig. “Espero que duren mucho tiempo”, agregó.

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Es posible que el resultado no se aplique a la protección derivada de las vacunas solamente, ya que es probable que la memoria inmunológica se organice de manera diferente después de la inmunización, en comparación con la que sigue a una infección natural.

Lo anterior significa que quienes no han tenido Covid-19 y han sido inmunizadas pueden eventualmente necesitar una vacuna de refuerzo, agregó Nussenzweig.

Se dijo que al encontrarse por primera vez con un virus, las células B proliferan rápidamente y producen anticuerpos en grandes cantidades. Una vez que se resuelve la infección aguda, una pequeña cantidad de células se instala en la médula ósea, bombeando de manera constante niveles modestos de anticuerpos.

Para observar las células B de memoria específicas del nuevo coronavirus, los investigadores dirigidos por Ali Ellebedy de la Universidad de Washington en St. Louis, analizaron la sangre de 77 personas en intervalos de tres meses, comenzando aproximadamente un mes después de su infección con el coronavirus. Solo seis de ellos habían sido hospitalizados y el resto tenía síntomas leves.

Los niveles de anticuerpos en estos individuos disminuyeron rápidamente cuatro meses después de la infección y continuaron disminuyendo lentamente durante meses después, resultados que están en sintonía con los de otros estudios.

Algunos científicos han interpretado esta disminución como un signo de inmunidad menguante, pero es exactamente lo que se esperaba, dijeron otros expertos.

Si la sangre contuviera grandes cantidades de anticuerpos contra todos los patógenos que el cuerpo haya encontrado, se transformaría rápidamente en una especie de lodo espeso.

En cambio, los niveles sanguíneos de anticuerpos caen drásticamente después de una infección aguda, mientras que las células B de memoria permanecen inactivas en la médula ósea, listas para actuar cuando sea necesario, se informó.

El equipo del Ellebedy obtuvo muestras de médula ósea de 19 personas aproximadamente siete meses después de haber sido infectadas. Quince tenían células B de memoria detectables, pero cuatro no, lo que sugiere que algunas personas pueden tener muy pocas células o ninguna.

“Me dice que incluso si se infecta, no significa que tenga una respuesta superinmune”, dijo Ellebedy. Los hallazgos refuerzan la idea de que las personas que se han recuperado de Covid-19 deben vacunarse, sugirió.

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Cinco de los participantes en el estudio de Ellebedy donaron muestras de médula ósea siete u ocho meses después de haberse infectado inicialmente y nuevamente cuatro meses después. Él y sus colegas descubrieron que la cantidad de células B de memoria se mantuvo estable durante ese tiempo.

Los resultados son particularmente notables porque es difícil obtener muestras de médula ósea, dijo Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto que no participó en la investigación.

Un estudio histórico realizado en 2007 mostró que, en teoría, los anticuerpos podrían sobrevivir décadas, quizás incluso mucho más allá del promedio de vida, lo que sugiere la presencia a largo plazo de células B de memoria. Pero el nuevo estudio ofreció una prueba poco común de su existencia, dijo Gommerman.

El equipo de Nussenzweig observó cómo maduran las células B de memoria con el tiempo. Los investigadores analizaron sangre de 63 personas que se habían recuperado de Covid-19 aproximadamente un año antes. La gran mayoría de los participantes presentaba síntomas leves y 26 también habían recibido al menos una dosis de las vacunas Moderna o Pfizer-BioNTech.

Los llamados anticuerpos neutralizantes, necesarios para prevenir la reinfección del virus, permanecieron sin cambios entre seis y 12 meses, mientras que los anticuerpos relacionados, pero menos importantes desaparecieron lentamente, según el equipo.

A medida que las células B de memoria continuaron evolucionando, los anticuerpos que produjeron desarrollaron la capacidad de neutralizar un grupo aún más amplio de variantes.

Un año después de la infección, la actividad neutralizante en los participantes que no habían sido vacunados fue menor contra todas las formas del virus, con la mayor pérdida observada contra la variante identificada por primera vez en Sudáfrica.

La vacunación amplificó significativamente los niveles de anticuerpos, lo que confirma los resultados de otros estudios.

El senador republicano de Kentucky, Rand Paul, dijo el domingo que no recibiría una vacuna contra el coronavirus porque se había infectado en marzo del año pasado y, por lo tanto, era inmune.

Pero no hay garantía de que dicha inmunidad sea lo suficientemente poderosa como para protegerlo durante años, particularmente dada la aparición de variantes del coronavirus.

Los resultados del estudio del Dr. Nussenzweig sugieren que las personas que se han recuperado de Covid-19 y que luego han sido vacunadas continuarán teniendo niveles extremadamente altos de protección contra variantes emergentes, incluso sin recibir una vacuna de refuerzo en el futuro.

Todos los expertos coincidieron en que es probable que la inmunidad se desarrolle de manera muy diferente en personas que nunca hayan tenido Covid-19.